Oprah Winfrey y la historia de vida que cambió la industria médica

Entrevista con la actriz y productora que, siempre buscando proyectos que reflejen “la trayectoria afroamericana de lucha y triunfo”, presenta para HBO “The Immortal Life of Henrietta Lacks”, la historia de una mujer a la que médicos extrajeron, sin su consentimiento, tejidos que cambiaron la historia de la medicina.

Las actrices Rose Byrne y Oprah Winfrey como Rebecca Skloot y Deborah Lacks en “The Immortal Life of Henrietta Lacks”.Cortesía

Tuvieron que pasar tres años para que Oprah Winfrey volviera a pararse frente a la cámara y participar, como actriz, en una película. La última vez que se le vio en la gran pantalla fue en 2014 en “Selma“, una historia nominada al Óscar que revivió la lucha por el derecho al voto de las comunidades afroamericanas.

Winfrey, quien como productora siempre busca y trabaja en proyectos que reflejen “la trayectoria afroamericana de lucha y triunfo“, decidió liderar el proyecto que llevó a la pantalla la historia de Henrietta Lacks, una mujer que en 1951, cuando tenía 31 años, se estaba muriendo de cáncer cérvicouterino. Estando en la sala de operaciones los cirujanos extrajeron tejido de su tumor, células que resultarían importantes para la medicina, ya que cambiarían la cara de la industria para siempre.

A pesar de la contribución de Henrietta Lacks a la medicina, ella y su historia son desconocidos para muchos, por lo que Oprah Winfrey decidió comprar los derechos del libro escrito por Deborah Lacks (hija de Henrietta) y la periodista Rebecca Skloot, que narra cómo la extracción sin autorización de las células cancerígenas de su madre resultó en avances que salvaron muchas vidas.

The Immortal Life of Henrietta Lacks” se transformó en una película para televisión que este mes llegó a la pantalla de HBO. Entrevista con Oprah Winfrey, quien además de ser productora interpreta a Deborah Lacks.

¿Cuándo conoció la historia de Henrietta Lacks?

Creo que fue en 2010, cuando el libro fue publicado. Siempre estoy buscando historias que presenten ‘insights’ para la trayectoria afroamericana de lucha y triunfo. Quería comprar los derechos para hacer la película, y charlé con Rebecca Skloot sobre como respetaría la esencia de lo que ella escribió, debido a mi respeto por la escritura como algo sagrado –es realmente una misión sagrada hacer que el mensaje, la energía, el espíritu de un ser humano vivan eternamente–. La escritura es eterna.

Muchas otras personas estaban disputando la compra de los derechos conmigo, pero nos los vendió a nosotros. Siempre vi allí una oportunidad de contar una historia. Si soy yo, se hará así. Si no soy yo, bendigo a la persona que lo vaya a hacer.

¿Qué sabía sobre las células HeLa antes de leer el libro?

No sabía nada sobre las células HeLa, por eso me interesé por compartir la historia con otras personas. Viví y trabajé en Baltimore como reportera durante ocho años, y muchas veces estuve en las mismas calles que Henrietta Lacks recorrió. Hice notas en la universidad Johns Hopkins, cubrí la Cámara Municipal, hice muchos reportajes sobre Baltimore. Estuve allá desde 1976 hasta 1983, y nunca oí hablar de HeLa, ni de su nombre. Entonces creo que fue en parte por eso que me interesó.

Viví, trabajé y participé activamente de la comunidad, de la iglesia, de todo en Baltimore, y nunca había oído su nombre. Entonces, eso era parte de mi misión.

¿Qué la llevó a querer ser actriz en la película además de producirla?

No quería tener un papel, sinceramente. No quería interpretar a Deborah. Siempre pensé que sería otra persona, yo tenía varios otros nombres en la cabeza.

Len Amato fue una tarde a mi casa y me dijo: “Vine porque es ridículo que sigas diciendo que otra persona debe hacer el papel”. Yo todavía insistí: “Voy a pensarlo y te digo”. Solo acepté porque quería mucho trabajar con George Wolfe (el director).

 

¿Cómo hizo para meterse en la piel de un personaje tan sufrido?

Me reuní con Susan Batson, profesora de teatro, que vino a visitarme a Colorado. Estuvimos una semana repasando cada línea, página por página, excavando en los espacios emocionales de Deborah y relacionándolos con ejemplos o incidentes específicos de mi propia vida. Seguimos hacia donde ella iba en cada momento. ¿Qué significaba eso? ¿Qué era ese sentimiento? ¿De dónde se saca eso? ¿De dónde se saca aquello? ¿Cómo haces eso? Así se hace. Es un proceso de excavación. Es necesario ponerlo todo en capas, así puedes usarlo a cualquier momento.
Imagino que normalmente no se entra a esos espacios. ¿Es difícil salir de ellos, dejarlos atrás?

Estás entrando en contacto con una energía, con un espíritu, con una vibración. Esas palabras distintas significan lo mismo para mí. Cuando entras en contacto con ese universo, intentas mantenerlo por lo menos durante tus escenas enteras, o durante todo ese día, y no alejarte. Por eso es tan difícil. Estás en el set de filmación y todos hablan sobre otras cosas, pero debes quedarte sumergido en eso. Entonces intento entrar y quedarme sumergida en eso, donde quiere que eso sea. Intento vivir en ese universo el tiempo que sea necesario, solo salir después.

Algunas de las escenas más difíciles y desafiantes, lo que llamamos escena de exorcismo, son cuando ella va a la casa de su prima y está frenética, explotando. Eso requiere esfuerzo, te lleva a un estado en el que puedes realmente hacerlo y sentirte lo más normal posible. Pero en realidad es anormal estar en ese estado, y no es fácil hacerlo varias veces.
¿Ensayó esas escenas muchas veces?

Habíamos coreografiado antes, donde es preciso estar para la cámara en algunas tomas, así la situación no pasa por encima. Quieres poder entregarte a la emoción, vivirlo, sin estar preocupándote con hacia donde debe girar tu rostro, donde debe estar el cuerpo, si estás o no en el foco de luz.

Recuerdo que esa mañana no me gustó la silla y quería una mecedora. Retrasamos la filmación esperando la mecedora. Yo quería un determinado tipo de mecedora bien acolchada para esa etapa en que ella enfrentaba todo eso. Entonces hubo cosas así, cosas pequeñas y cosas grandes.
La trayectoria de Deborah de descubrimiento de toda esa información sobre la madre es una cosa, pero los descubrimientos que hace sobre su hermana Elsie son increíblemente traumáticos. ¿Fue muy emocionante hacer esas escenas?

Millones de familias en el mundo, no solo familias afroamericanas, viven con secretos. Son cosas que sucedieron, pero la familia nunca habló sobre eso, nunca lo trató, quedó escondido. Después, cuando lo que estaba en secreto viene a la luz, el impacto en la vida de las personas es directamente proporcional a qué tan hondo eso había sido enterrado. Todas las familias son así. Todas las familias tienen algo de ese tipo, secretos sobre los que nadie habla, pueden ser sobre ese tío, esa tía, matrimonios, hijos de los matrimonios, cosas que salen a la luz muchos años después.

Es obvio que en esa época, en esa cultura, si una persona tenía deficiencias mentales o no podía cuidarse a sí misma, eso era visto como algo que debía ser escondido. La familia intentaba enterrarlo.

¿Cree que el hecho de que las células de Henrietta hayan sido usadas, y de que la comunidad médica le haya hecho pruebas a la familia sin su consentimiento, ni su conocimiento, está directamente relacionado a una cuestión racial, a una cuestión de pobreza, o a una combinación de los dos aspectos?

No podemos ignorar la época, entonces fue una combinación de las dos cosas. El contexto nos impide pensar que hubo algún otro motivo además de la raza o la clase social. Ambas tuvieron su peso.

También hay otro caso famoso que ella cuenta en el libro. Y sigue siendo legal hacerlo sin permiso. Es legal tomar tus células sin tu permiso para investigación si no eres identificado.

Los avances médicos obtenidos a partir de las células HeLa fueron increíbles, ¿pero es posible justificar lo que se hizo?

Voy a decirte que es difícil de justificar. Lo que es difícil justificar es que aún hay miembros de la familia sin cuidados de salud. Me enteré que hay miembros de la familia que necesitan dinero para ir al dentista. Y hay miembros de la familia que tienen dificultades para cuidarse a sí mismos cuando las células de su madre y de su abuela ayudaron no solo a cuidar, sino literalmente a salvar la vida de otras personas y a permitir que otras personas prosperen. Es muy lamentable que ellos nunca hayan sido compensados por los laboratorios farmacéuticos.
¿Cree que hay escasez de papeles femeninos en el cine?

Seguramente creo que no son suficientes. Pero estamos entrando en una nueva era de directoras y productoras, y las historias de las mujeres están teniendo más valor en el mercado. En el caso de “Big Little Lies”, de HBO, por ejemplo, veo un progreso. ¿Es suficiente? No. ¿Estamos en el camino para cambiar eso? Espero que sí.
Parece que de hecho hay una proliferación de mujeres que crean sus productoras para contar historias de mujeres. ¿Era esa su intención, al crear su productora, contar historias de mujeres?

No quería contar solo historias de mujeres. Mi idea era contar historias importantes para el espíritu humano, que las personas pudieran reconocerse en ellas. Hoy hay historias de negros en muchos lugares, pero en esa época teníamos pocas oportunidades de ver nuestra historia, nuestra cultura y nuestras vidas diarias reflejadas tanto en el cine como en la televisión. Eso está cambiando. Cuando miro a la competencia de los programas que cree, en una noche de miércoles hay cinco programas con repartos predominantemente afroamericanos. Me pone contenta ver que hay tantos programas; pero no me alegra tanto ver que están todos en el mismo horario que yo.
Soy optimista con los cambios porque soy parte de ellos.

No pierdo mucho tiempo pensando en dónde no estamos y en qué necesitamos hacer. Lo mío es hacer. Ocupar el espacio de hacer las cosas. Si quieres ver cambios, ve y hazlos tú mismo.

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